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Artículo escrito por Javier Giral Palasí.

  En una entrevista de TV un economista hablaba de que la Alemania del este en la actualidad había tenido que revertir todas las políticas socialistas aplicadas desde 1933… Naturalmente el periodista, acostumbrados ya a ver el bajo nivel histórico y cultural de este gremio no reparó en esta fecha y no dijo nada, dando por sentado que se refería sólo al socialismo soviético aplicado en la RDA desde 1945. Sin embargo el economista hablaba de aquel socialismo y también del anterior aplicado por Hitler desde 1933.

  Poca gente piensa en la Alemania de Hitler como un estado socialista, gracias a la imposición ideológica de la izquierda, sin embargo es una identificación bien estudiada desde Ludwig von Mises.

  Los años de Hitler de antes de la II Guerra Mundial ha servido de argumento para los apologistas del nacional-socialismo, y contradecir el fracaso de una economía socialista dirigida por ellos, basándose en los años de creación de empleo en Alemania entre 1933 y 1939.

  Si ponemos al nacional-socialismo alemán en su contexto de los años 30, vemos que era un radicalismo que venía a derribar el sistema, pero su estrategia era más moderada que la del comunismo: se había aliado con sectores conservadores que aborrecía, había aceptado a las iglesias cristianas mientras construía a su “hombre nuevo”, y del mismo modo en la economía combinaba el control intervencionista del socialismo con la tolerancia de la propiedad privada, pero nacionalizando los sectores que considerase. Y aunque nominalmente eran los propietarios particulares los dueños de diferentes sectores productivos, era el estado nacional-socialista alemán el que fijaba qué se iba a producir, en qué cantidad, a quién se iba a distribuir, además de fijar los precios que se cobrarían, los salarios e incluso los dividendos. Todo dentro de la mentalidad colectivista del socialismo.

  El socialismo de Hitler evidentemente no buscó la economía libre del mercado capitalista, buscó la autarquía, fijó el control de precios y de salarios, controló estatalmente las finanzas, puso trabas a la iniciativa privada, redujo con cuotas las importaciones, centralizó estatalmente la producción agrícola lo que provocó el alza de precios, desató la inflación encubierta con la impresión de nuevos billetes, sin olvidar el acometimiento de numerosas obras públicas, etc. Toda la política económica del nacional-socialismo iba encaminada al pleno empleo, para lo que estimuló con un gran gasto del estado las inversiones, la demanda interna y el consumo de las familias, pero sus políticas expansivas provocaron unos precios al alza lo que llevó al gobierno a fijar precios y salarios, y finalmente al sistema de racionamiento debido a todo lo anterior.

  El control de precios socialista siempre ha conducido al fracaso, no sólo no detiene la inflación, sino que lleva a los productores a no fabricar más pues no es rentable hacerlo a los precios que fija el estado socialista o simplemente venden sus productos en el mercado negro, como ocurre actualmente en Venezuela. Al agravarse la situación económica con el paso del tiempo, los socialistas y especialmente sus dictaduras, siempre decretan más prohibiciones estatales entrando en una espiral que conduce después de un período de crecimiento artificial al desabastecimiento y al hambre.

  El milagro económico de Hitler fue en realidad un embrujo temporal, cuya fiesta de tener pleno empleo por unos años fue a costa del futuro endeudado de los alemanes, que irreversiblemente hubiera acabado de forma  trágica de haber continuado el periodo de paz. Del mismo modo si considerásemos a la URSS sólo por el crecimiento de la etapa de Stalin con sus planes quinquenales y crecimientos hasta del 20%, aún más espectacular que los años de Hitler entonces nos quedaríamos con una idea equivocada de lo que era el socialismo marxista de la URSS, que como sabemos terminó colapsando, y con desabastecimiento, crecimiento cero y colas de gente en las tiendas de alimentos.

  Hitler consiguió paliar temporalmente el fuerte desempleo que padecía  Alemania en los años 30, y lo hizo a la manera socialista, es decir, interviniendo la economía y con un fuerte gasto estatal en obras públicas y en la industria militar. Sin embargo el gasto del estado alemán durante aquellos años fue superior al crecimiento económico y por tanto la deuda del  estado alemán no hizo  sino abultarse año tras año, pues se trataba de un Plan E al estilo de Zapatero pero en grandes dimensiones.

  Hitler durante los primeros años podía acabar artificialmente con el desempleo gastando de prestado más de lo que crecía la economía alemana, pero su viabilidad a corto plazo hubiera estallado tarde o temprano, un desastre alentado también por su política intervencionista de control de precios que hubiera terminado en el desabastecimiento. Recuerde la frase de Margaret Thatcher: “El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás”.

  De no ponerse por medio la II Guerra Mundial, el nacional-socialismo alemán hubiera acabado como la Venezuela actual. La guerra de 1939 dotó al régimen nacional-socialista de más materias primas requisadas y de mano de obra esclava, pero los nuevos recursos ya no iban destinados a mantener el empleo sino al terror de la maquinaria militar, y ya poco pudo importar sobre la marcha de la economía cuando la guerra dejaba el país hecho escombros.

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