pucherazo calle 36

  En el verano de 2016 escribía este artículo, como parte del libro Contra la Manipulación de la Izquierda…

EL FRAUDE EN LAS ELECCIONES DE 1936

  Las numerosas irregularidades que hubo en las elecciones de febrero de 1936, las invalidan de plano para considerarlas como democráticas o legales. Esta cuestión es la guinda del pastel de la manipulación histórica sobre aquellos acontecimientos que desencadenaron una guerra civil y cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días. La propaganda repite machaconamente que hubo unas elecciones democráticas que ganaron las izquierdas y que después “4 militares fascistas se levantaron contra el pueblo con el apoyo de la Iglesia, y contra el progreso social que había traído la democracia republicana”. Es un lenguaje simple pero eficaz, sin embargo la realidad fue muy distinta.

  Por el lado de los nacionales, el Ministerio de Gobernación, en diciembre de 1938 designó una comisión de 22 juristas de prestigio para que elaborasen un dictamen sobre la ilegitimidad del gobierno del Frente Popular, que se llamó “Dictamen de la comisión sobre ilegitimidad de los poderes actuantes el 18 de julio de 1936”, y en él se decía:

  “Al realizarse el escrutinio general de las elecciones se utilizó en diversas provincias el procedimiento delictivo de la falsificación de actas, proclamándose diputados a quienes no habían sido elegidos; con evidente arbitrariedad se  anularon  elecciones de  diputados en varias circunscripciones para verificarse de nuevo en condiciones  de  violencia   y  coacción   que   las  hacían inválidas; se declaró la incapacidad de diputados que no estaban real y legalmente incursos en ella, apareciendo acreditado también que, como consecuencia de tal fraude electoral, los partidos del llamado “Frente Popular” aumentaron sus huestes parlamentarias y los partidos de significación opuesta vieron ilegalmente mutilados sus grupos…”

  Por el lado de los republicanos, contamos con las declaraciones que hizo el presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, al Journal de Geneve, publicadas en 1937:

«A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

Primera etapa: desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

Segunda etapa: conquistada la mayoría de este modo, fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamó diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar al grupo menos exaltado del Frente Popular. Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras”.

contra bien

Y añade el presidente Alcalá Zamora:

“Manuel Becerra (…) conocedor como último ministro de Justicia y Trabajo de los datos que debían escrutarse, calculó un 50% menos las actas, cuya adjudicación se ha variado bajo la acción combinada del miedo y la crisis”.

Niceto Alcalá Zamora escribiría también:

  “A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales; en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados. Muestra elocuente de la “pureza” con que el mismo Portela ganó su acta en Pontevedra, fue la condescendencia con que el Frente Popular pagó tal vez su complicidad, haciendo que se lucrara con 22.000 votos absolutamente falsos, pero que necesitaba para derrotar a un derechista.  A tanto  llegó el desenfado,  que  en  otras localidades, como en Málaga, después del asalto del Frente Popular, aparecieron,  no una sección sola,  sino múltiples, y alguna de tradicional fama derechista, con los censos totalmente volcados y aún con mayor número de sufragios que el de electores en favor de la conjunción revolucionaria y “ni un solo voto” en favor de los candidatos de derechas”.

  Es importante también indicar que en 1936 las milicias rojas sustrajeron de la caja de un banco en Madrid las memorias y documentos del presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, en los que se hablaba entre otros asuntos del fraude electoral de febrero de 1936, afortunadamente en 2008 la Guardia Civil recuperó estos documentos puestos a la venta por un empresario de Valencia.

  Manuel Azaña explicaba con sorna cómo manipularon los resultados para conseguir más escaños en una carta a su cuñado Cipriano Rivas Cherif, fechada el 19 de marzo de 1936:

  “En la Coruña íbamos a sacar cinco o seis (diputados). Pero antes del escrutinio surgió la crisis, y entonces los poseedores de 90.000 votos en blanco se asustaron ante las iras populares, y hemos ganado los trece puestos… ¡Veleidades del sufragio!… Han sacado al otro… para que no saliera Emiliano, a quien metimos preso la misma noche de formarse el gobierno, para salvarle la vida, decían los de allí… hemos sacado… otro en Guipúzcoa… y no tenemos dos, porque los comunistas se llevaron las actas pistola en mano”

  Los escrutinios fueron realizados en muchos lugares en condiciones de coacción de las hordas izquierdistas, Azaña reconoce que “los gobernadores de Portela habían huido casi todos. Nadie mandaba en ninguna parte y empezaron los motines”. Basta pensar que los gobernadores eran los responsables de velar por los democráticos recuentos. La segunda vuelta no fue presidida ya por Portela que fue obligado  a  dimitir,  sino  ilegalmente  por  Azaña. Y en una Escandalosa  y  posterior  revisión  de  actas  a  cargo de los frentepopulistas, erigidos en juez y parte, se despojó todavía de más escaños a la derecha. Para acabar, Azaña advirtió que el poder no saldría ya de manos de la izquierda.

  La izquierda republicana siempre trató de hacer una república a su medida y en la que la derecha tuviera muy pocas posibilidades de gobernar como sucedía en la república mejicana, con el hegemónico Prim, a su vez dominada por la masonería, como masones eran todos los integrantes del nuevo gobierno: Manuel Azaña, Augusto Barcia Trelles, el general Carlos Masquelet Lacaci, Santiago Casares Quiroga, Manuel Blasco Garzón, Marcelino Domingo Sanjuán, José Giral Pereira, Antonio de Lara y Zárate y Mariano Ruiz-Funes García. Un gobierno constituido antes de la segunda vuelta y bajo la presidencia de Azaña tras la dimisión de Portela.

  Los resultados de dichas elecciones nunca fueron publicados oficialmente, un elemento que ya hacía a esas elecciones ilegales. Hubo irregularidades contra las candidaturas de derechas en las provincias de Cáceres, La Coruña, Lugo, Pontevedra, Granada, Cuenca, Orense, Salamanca,  Burgos, Jaén,  Almería, Valencia  y  Albacete, entre otras. En Cuenca hubo colegios electorales en los que la derecha no sacó un solo voto, pues las actas que eran adversas al Frente Popular fueron robadas por los propios delegados del gobierno. Pero a pesar de  que nunca se conocieron los datos oficiales, hoy tras diferentes estudios e investigaciones podemos afirmar que el Frente Popular no obtuvo más votos que la derecha, sin embargo todas estas irregularidades sirvieron para aumentar exponencialmente sus escaños.

  Otra ilegalidad manifiesta fue la propia disolución de las Cortes por segunda vez por el presidente Alcalá Zamora para convocar nuevas elecciones, algo inconstitucional, pero que aceptó debido a las presiones de la izquierda y al clima de inestabilidad que se respiraba. Después Azaña, en un acto de justicia poética, le pagó el favor a Alcalá Zamora derribándolo de la presidencia con el apoyo del Frente popular el 7 de abril, indicando precisamente el hecho de que había disuelto inconstitucionalmente las Cortes dos veces, sin importar que hubiera beneficiado a la izquierda.

LA CONFIRMACIÓN DEL FRAUDE

  Tras escribir el anterior artículo, unos meses después y en marzo de 2017, se publicaba el libro “1936 FRAUDE y VIOLENCIA en las elecciones del Frente Popular” que venía a confirmar lo que ya sabíamos, el pucherazo en las elecciones de 1936 en las que las izquierdas le robaron al menos 50 diputados a la derecha y que en realidad fue la derecha la que ganó las elecciones al obtener unos 700.000 votos más que la izquierda. Este libro recoge el trabajo de investigación de Roberto Villa García y Manuel Álvarez Tardío, ambos profesores de la universidad Rey Juan Carlos I, que han revisado las actas y los documentos, sorprendentemente disponibles pero que hasta la fecha nadie había realizado el estudio pormenorizado sobre las dimensiones del pucherazo y sobre todo el proceso de falsificación y violencia que acontecieron en aquellos días.

  “Cuando empezamos esta investigación éramos escépticos sobre la profundidad del fraude. Sabíamos de irregularidades en dos provincias concretas, pero no estaba en nuestra hipótesis de partida que el fraude pudiera alterar los resultados tanto. Los datos han demostrado que la victoria del Frente Popular en la primera vuelta solo fue posible con esta falsificación”, explicó Roberto Villa García, especializado en historia electoral, para el periódico ABC.

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