MUJER MUSULMANA

Escrito por Javier Giral Palasí para el libro “Contra la Manipulación de la Izquierda”.

Sobre la denuncia de las condiciones en las que malviven las mujeres en el mundo islámico, la “progresía” ni está ni se la espera, y el lado diestro del arco parlamentario va en general a la zaga de la procesión del silencio.

  Es cierto también que muchas mujeres en el islam viven voluntariamente su existencia machista, pues así han sido educadas por su religión. Pero lo que a nosotros nos debe importar  en primer lugar,  es que  no  permitamos  que  nos importen sus primitivas imposiciones a nuestra sociedades europeas, ni que gracias  a nuestras libertades, vayan ocupando espacios y barrios de nuestras ciudades para que después impongan la Sharia, con policías religiosos que vigilan no sólo a las musulmanas extranjeras sino que amenazan a las mujeres occidentales hasta el punto que en algunos barrios europeos no se atreven a moverse y vestirse con libertad en su propio país.

  En el Corán existe en principio una desigualdad cuando en la Sura 37:22-23 se dice “que las mujeres serán castigadas por los pecados de sus maridos”. Pues no existe ninguna duda de que en el Corán y en la ley islámica se establece la inferioridad de la mujer respecto al hombre. Dice un famoso Hadiz (recolección de dichos de Mahoma, un peldaño detrás del Corán) que “las mujeres, los burros y los perros tienen la capacidad de anular la oración del musulmán”, y si para los imanes “las mujeres son consideradas el arma de Satanás, los perros son considerados como “demonios”.

  Tras sus conquistas militares, Mahoma repartía entre sus hombres las mujeres capturadas como botín de guerra, y en una ocasión pidió que fueran violadas delante de sus maridos. Las mujeres capturadas fueron convertidas en esclavas sexuales por los mismos hombres que mataron a sus maridos y hermanos. Y esto es lo que está sucediendo ahora mismo en el Estado Islámico, pues como digo los yihadistas son los musulmanes más coherentes con los versículos del Corán.

  El Corán da a los hombres musulmanes el permiso de golpear a sus esposas si desobedecen. Dice claramente que los maridos están “un grado por encima” de sus esposas. El Hadiz dice que las mujeres son intelectualmente inferiores, y que la mayoría de ellas irán al infierno.

  Las  mujeres  musulmanas  no  son  libres  para elegir con quien han de casarse. Además ellas deben estar siempre sexualmente disponibles para el hombre.

  Las mujeres, por ejemplo en Arabia Saudí donde está la Meca, no pueden conducir un vehículo, ni salir de casa sin un mahram (un hombre de la familia que la custodie), ni hacer trabajos remunerados, no pueden maquillarse ni mostrar su belleza, las mujeres no pueden relacionarse con otros hombres y por tanto los edificios están segregados por sexos, no pueden hacer deporte ni ir a un gimnasio, ni montar en columpio pues el balanceo se considera una provocación que inmediatamente hará actuar a la policía religiosa, las mujeres tampoco pueden probarse ropa en los centros comerciales, etc.

  Las mujeres musulmanas no heredan partes iguales a los varones. Su testimonio ante un tribunal tiene solamente la mitad del valor del de un hombre. Ellas deben cubrir sus cabezas, a menudo su cara, y también el cuerpo entero con guantes incluidos.

  Y si una mujer quiere demostrar que la violaron, debe tener cuatro testigos masculinos para corroborar su historia. Si no, la encarcelarán o será lapidada a muerte por confesar “adulterio”.

  En el mundo musulmán es también frecuente la ablación en la mujer, es decir, la mutilación del clítoris, como la enésima práctica machista y de sometimiento contra las mujeres. Esta práctica se realiza por curanderas sin ninguna garantía de higiene, por tanto muchas mujeres mueren o cogen graves infecciones tras esta práctica de barbarie. Se estima que medio millón de mujeres musulmanas han sufrido esta mutilación dentro de Europa por sus familias y se estima que son 120 millones en todo el mundo.

  Los teólogos islámicos que defienden la práctica de la ablación se refieren a un hadiz que además añade: “Cuando circuncides a una mujer no cortes demasiado de su miembro, para que tenga la cara más luminosa y sea más amistosa con su marido”.

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