Escrito por Javier Giral Palasí.

Por ser, dicen que soy exactamente igual que mi abuelo al que no le molestaba tanto que le quisieran fusilar durante la guerra como que pudiera perder el sombrero… Y reconozco que me divierte observar las neuras del rebaño social idiotizado y adoctrinado con sus dislates de lo más variopinto y al que un somero estudio de observación les hace tan previsibles en sus respuestas como aburridos, y eso a pesar que alardeen de una presunta originalidad que en realidad desconocen. Pero “mi mayor tristeza” es comprobar una y otra vez que carecen tanto de sentido del humor como de libertad.

  Por ejemplo he observado que el personal “modelno”, que no moderno, ya no usa paraguas. Debe ser porque ahora es un elemento fascista del “hetéreopatriarcado machista” o algo así, y además es un objeto que reviste cierta elegancia, algo totalmente intolerable para la zafiedad que ahora lo inunda absolutamente todo; y tan es así que se van mojando los muy gilis por la calle a chorro vivo. Pero puestos a jugar al divertimento de la amena observación y trasladándonos a un “nivel superior” dentro de la idiocia y la bazofia, vemos que da mucho juego esa cloaca máxima que atraviesa el orbe entero, es decir, la televisión que siempre da para la socarronería de muchas noches de invierno. La TV es ese espectro, por lo fantasmagórico, plagada de auténticos majaderos y analfabetos funcionales, de payasos de campo, idiotas de purpurina, tontos de capirote, apátridas sin respeto por su tierra ni su gente, ignorantes de telediario siempre a la moda de la última chorrada, tontas de babero y lelos de vomitona que berrean cuatro palabras en inglés para parecer más “súper, híper, mega fashion”.

  En primer lugar aparece un “tertuliano del boli en la mano”, o un presentador del boli en la mano… le aconsejo que siempre desconfíe de un sujeto que para decir una frase encorsetada ha de sujetarse a la seguridad de un bolígrafo, unos tipos que lo mismo comentan la circunvalación de la Osa Mayor que la inflación del tomate de pera; otras veces aparece una presentadora arquetípica recauchutada y de molde que como una “bien mandá” se limita a hacer y decir exactamente lo que le dijeron que debía hacer, y ante esta diatriba ella aportó su granito de arena aprendiendo cómo ha de gesticular y cómo debe mover las manos espasmódicamente en los saraos telebasurientos, siempre exactamente igual que como vio que lo hacían las otras, y sin olvidarse de sonreír cuando toque hablar de fútbol. Efectivamente todo huele a malos vasallos de peores señores y en definitiva a mercenarios de la desinformación.

  A los tertulianos del boli en la mano, un día les dijeron: “cuando te refieras a la cosa catalana y a su variada demencia debes congraciarte con los enemigos de España, así que no olvides mezclar tu ex-pañol de Villapedrusco de las Eras Altas con los siguientes fonemas: Yeneralitátttt, Gubernnn, Presidennnt, Mosuss, Yiironna, LLeeidaa, Parlamenngggt, Prusessss, etc… Y tranquilo que seguiremos añadiendo más palabras a esta lista para que cuando hables termines pareciendo un auténtico idiota en sentido griego… (censurado por la Yeneralitátttt – Gobierno de Ex-paña)”… Y obedientes los tertulianos del boli en la mano y las presentadoras del molde fijo, se apresuraron por su parte a añadir los “A Coruña”, lo de “Euskadi” que se lo inventó el fundador del PNV y demás altisonancias de la extrema gilipollez.   

  Pero el auténtico Homo gilipollibus televisivus va más allá de estas menudencias y es objeto principal de audiencia para los presentadores y tertulianos del boli en mano. Es una especie residual emparentada con el antiguo neandertal, surgida como mutación narcisista ante las cámaras de TV. El Homo gilipollibus televisivus interpreta, llora, se enoja, se hace el gran solidario o se muestra sensiblero todo el tiempo con tal de captar la atención de la TV, unas lagrimitas por aquí y unos gestos chupiguays por allá; pero no es natural y a veces incluso no le importa que hablen mal de él, que se cachondeen, porque para el Homo gilipollibus televisivus lo importante es salir en la TV. Se ha comprobado que esta especie en ocasiones antes de emprender cualquier ritual payasesco, que no versallesco, siempre llama primero a las TVs para asegurarse su presencia.

Después en la escala involutiva nos encontraríamos con una subespecie, que es la Homo gilipollibus televisivus teatralis por la rama podemoide, cuyo cerebro tiene una densidad escasa e inoperante según han verificado todos los estudios antropológicos, y que reuniría todas las cualidades aquí perfectamente citadas.  Pero, camarada gilipollibus teatralis, sé inteligente. No luches vanamente en las arenas putrefactas de la TV por traer las políticas podemitas del socialismo bananero a España. Mejor lárgate a Venezuela a disfrutar de ellas.

One Comment on “LA PLAGA DEL HOMO GILIPOLLIBUS TELEVISIBUS

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